Censura, vacunas y bibliotecas

En los últimos días se ha suscitado en España un intenso debate sobre la retirada de la biblioteca de un centro educativo de títulos como Caperucita roja sospechosos de fomentar valores sexistas. Podría parecer un asunto menor, casi anecdótico, pero además de la enconada controversia entre distintas opiniones (muy amplificada por las redes sociales) y de la saludable actualidad del análisis feminista en este asunto subyace una cuestión de mucho calado para las bibliotecas públicas: el de la responsabilidad que conlleva decidir sobre la información que ponen a disposición de los usuarios.

El tema toma mucha más envergadura cuando el contenido de las obras afecta a áreas tan importantes como la salud y muy en particular a la salud pública, como ocurre actualmente en los EE. UU. Al hilo de esta polémica ofrecemos la traducción de un largo artículo titulado With Vaccine Misinformation, Libraries Walk a Fine Line, de Jane Roberts, en el que trata sobre el dilema que afrontan las bibliotecas del país entre la salvaguarda del derecho a la información y la fiabilidad de ésta última.

 

En medio de un creciente tira y afloja entre los partidarios de la práctica de la inmunización, basada en la evidencia, y una subcultura cibernética de sospecha, conspiración y desinformación en torno a las vacunas, un apreciado símbolo de la imparcialidad y del libre acceso a la información, la biblioteca pública, puede verse envuelta en el tumulto.

A principios de este mes Hoopla , un servicio en línea que permite a los usuarios de bibliotecas públicas de los Estados Unidos y Canadá acceder a audiovisuales o libros digitales de forma gratuita, retiró discretamente de su colección el documental “Vaxxed [Vaxxed: del encubrimiento a la catástrofe]”. La película, que expone una teoría repetidamente desacreditada que vincula las vacunas con el autismo y pretende denunciar el encubrimiento de este hecho en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, aún se puede encontrar en formato DVD en las bibliotecas de los EE. UU.

Terry Donahue, responsable de relaciones públicas y comunicaciones de Hoopla, indicó que varias bibliotecas habían contactado con la empresa pidiendo que se eliminara la película. Donahue no quiso hacer comentarios ni confirmó la fecha en que se eliminó el título de la oferta de Hoopla. Pero sí reveló el razonamiento de las bibliotecas: “no querían ser una fuente de información errónea”, dijo Donahue.

La decisión sobre qué poner a disposición de los usuarios de bibliotecas -y qué no- se desvela como un terreno peligroso para los principales repositorios de ideas de los Estados Unidos, aunque el debate sobre las colecciones de bibliotecas no es nuevo. Aun así, en una era acosada por las “noticias falsas” y otros artefactos de la era de la desinformación, las bibliotecas (y los bibliotecarios) pueden encontrarse una vez más frente a decisiones difíciles. Uno de los valores fundamentales de la biblioteconomía, dijo Andrea Jamison, profesora de bibliotecología en la Universidad de Valparaiso en Indiana, es defender los principios de la libertad intelectual, lo que incluye afrontar el desafío de la censura. “Queremos asegurarnos de que ofrecemos una información rigurosa”, dijo Jamison. “Pero la pregunta es, ¿quién determina eso?”

La decisión de Hoopla se produce en medio de una erupción de brotes de sarampión en toda América del Norte impulsados en gran parte, dicen los científicos, por la negativa de algunos padres a que sus hijos reciban lo que se consideran vacunas estándar. Los minoristas de internet y las compañías de medios sociales sufren una creciente presión por parte de expertos en salud y políticos para frenar la propagación de información errónea sobre vacunas. La semana pasada [finales de marzo de 2019], tras un informe de Wired, el gigante minorista en línea Amazon eliminó de su oferta dos libros que defienden la falsa conexión entre las vacunas y el autismo, y venden peligrosas “curas” no científicas del desarrollo de la discapacidad.

Las principales plataformas en línea, como Facebook, Pinterest y YouTube también han anunciado planes para combatir la información falsa o engañosa sobre las vacunas. A principios de este mes [marzo de 2019], Amazon eliminó de su plataforma de video Prime varios documentales contra la vacunación, aunque algunos todavía están disponibles para su compra en DVD.

Por supuesto, estas compañías junto con la propia Hoopla, que es propiedad de una empresa de distribución de medios en Ohio, tienen libertad para decidir el contenido que desean proporcionar. Las bibliotecas universitarias y las institucionales especializadas generalmente se basan en los intereses de sus usuarios y pueden no experimentar la demanda de dichos materiales. Pero las bibliotecas públicas locales, los símbolos de la libertad intelectual y el amplio enriquecimiento cultural en ciudades y pueblos de todo el país, están comprometidas, al menos nominalmente, a servir a todos en una comunidad, independientemente de sus puntos de vista.

Los escépticos de las vacunas han expresado en los foros de internet su indignación ante las recientes decisiones de los minoristas de la web y de las redes sociales y consideran que están impulsadas con frecuencia por un gobierno censurador que defiende los intereses de las principales farmacéuticas. Estas fuerzas, advierten, se entrometen en el mercado intelectual con riesgo para todos. “Si el gobierno presiona a Amazon para censurar ciertos tipos de información”, dijo Barbara Loe Fisher, cofundadora y presidenta del Centro Nacional de Información sobre Vacunas, que lucha contra la vacunación obligatoria, “esto podría extenderse en cualquier momento a eliminar de las bibliotecas información que no se alinea con la política del gobierno o con la política sanitaria”.

Pero Allison Winnike, presidenta y directora ejecutiva de Immunization Partnership, una organización sin ánimo de lucro con sede en Texas que aboga por la vacunación, dijo que controlar el contenido engañoso no es necesariamente una cuestión de censura, sino que es más bien “asegurarse de que los usuarios de la biblioteca y los consumidores sepan que la información que podrían estar consultando contiene propaganda contra las vacunas”.

Si bien Winnike estuvo de acuerdo en que las colecciones de la biblioteca deben ser diversas, hay otras consideraciones: “También es importante que presenten información útil y científica a la gente”, dijo.

* * *

La vacunación no es el primer tema que plantea problemas de seguridad pública entre las bibliotecas. En 1971 un editor publicó “The Anarchist Cookbook”, un texto escrito por un adolescente llamado William R. Powell que incluye instrucciones para fabricar gases lacrimógenos, explosivos y LSD, entre otras armas y sustancias. En su investigación inicial, el FBI calificó el libro de “extremadamente peligroso” y desde entonces ha sido el centro de numerosas batallas legales.

“Realmente es un libro que capacita para hacer mucho daño”, dijo Rachel Stark, bibliotecaria de ciencias de la salud en el estado de Sacramento en California. La preocupación se renovó cuando el texto estuvo disponible en línea. Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre, dijo Stark, algunas bibliotecas optaron por retirar sus copias. Otras los mantuvieron, defendiendo el derecho del público a acceder a la información (el propio Powell había reunido gran parte del contenido del libro revisando documentos militares y otros materiales en la Biblioteca Pública de Nueva York).

Hoy en día, el texto sigue siendo fácil de encontrar. “The Anarchist Cookbook”, que se ofrece a través de muchas bibliotecas universitarias, también está disponible para su descarga gratuita en línea y las copias impresas se venden en Amazon .

Por su parte, la American Library Association (ALA) se posiciona como un firme opositor de la censura, incluso en los casos en que el material podría considerarse perjudicial. Una declaración en el sitio web de la organización deja claro que cree que es de interés público para los bibliotecarios “poner a disposición la mayor diversidad de puntos de vista y expresiones, incluidos aquellos que son poco ortodoxos, impopulares o considerados peligrosos por la mayoría”.

Aun no siendo exhaustiva, una búsqueda en el catálogo en línea muestra que los libros sobre vacunas y autismo que muestran puntos de vista no ortodoxos están disponibles en las bibliotecas de todo el país. “Healing the Symptoms Known as Autism [Curación de los síntomas conocidos como autismo]”, por ejemplo, que fue eliminado del catálogo de Amazon la semana pasada, se ofrece en más de 20 bibliotecas públicas o sistemas de bibliotecas en Estados Unidos. El libro instruye a los padres sobre cómo tratar a los niños autistas con dióxido de cloro, una sustancia química comúnmente utilizada como blanqueador industrial. Otro libro que se retiró de Amazon, “Fight Autism and Win [Combate el autismo y gana ]”, parece estar disponible sólo en unas pocas bibliotecas, mientras que otros títulos dudosos aparecen en cientos de ubicaciones.

Los resultados de la búsqueda en el catálogo en algunas de las zonas críticas de la actual epidemia nacional de sarampión apuntan a que los puntos de vista están mezclados en las colecciones. Desde el jueves, están prestadas todas las copias de “Vaccines Did Not Cause Rachel’s Autism”, una defensa enérgica de la vacunación por parte del pediatra investigador Peter Hotez, y “Callous Disregard” del desacreditado médico británico y arquitecto principal de la teoría rigurosamente desautorizada que conecta el autismo con las vacunas, Andrew Wakefield, en las bibliotecas regionales de Fort Vancouver, que dan servicio al Condado de Clark en Washington. Los padres en Washington pueden reclamar la “exención por creencias personales” de la vacunación estándar de sus hijos, y en áreas como el Condado de Clark, las tasas de vacunación son bajas. Más de 70 casos de sarampión han sido confirmados allí desde el 21 de marzo.

El libro de Hotez
El libro de Hotez

Hay pruebas que sugieren que las bibliotecas locales pueden desempeñar un papel fundamental en la difusión de información errónea si el personal no está debidamente capacitado o si los materiales se presentan a usuarios sin cualificación. Por ejemplo, durante un estudio realizado en 2015 por investigadores de la Escuela de Información y Biblioteconomía de Chapel Hill, Universidad de Carolina del Norte, se visitaron 78 bibliotecas locales elegidas al azar en los estados de Nueva York, Delaware y Carolina del Norte. En cada lugar, un investigador, haciéndose pasar por usuario del centro, pidió al personal de la biblioteca información sobre si las vacunas causan autismo.

En casi el 70 por ciento de los casos, la información provista (una gran variedad de libros, pero también sitios web, revistas y otros materiales) no respondió a la solicitud con información cualificada. El libro que se recomendó con más frecuencia fue “Evidence of Harm”, de David Kirby, del que se dijo en una revisión del BMJ [British Medical Journal] que “se hace eco de la convicción de los padres que creen que las vacunas son las culpables de una ‘epidemia de autismo'”. En tres casos se recomendó al usuario el libro de la actriz Jenny McCarthy, una obra que culpa a las vacunas del autismo de su propia hija.

“Ella sabe mucho sobre este tema”, dijo al investigador un miembro del personal de la biblioteca. “Es prácticamente una experta”.

Un estudio más reciente, publicado el mes pasado, puso a prueba la utilidad de la confianza del público en las bibliotecas como forma de combatir la desinformación. Los resultados fueron diversos.

* * *

A pesar de que la decisión de Hoopla de eliminar “Vaxxed” de su oferta fue a petición de las bibliotecas en general la ALA ha observado desde la barrera las decisiones de Amazon y otras compañías y no ha tomado ninguna medida o postura oficial sobre la disponibilidad de materiales relacionados con las vacunas. “Desde nuestra perspectiva”, dijo Deborah Caldwell-Stone, directora interina del Departamento de Libertad Intelectual de ALA, “es puramente un problema de desarrollo de las colecciones que las bibliotecas abordan individualmente de acuerdo con sus políticas”.

Aunque la ALA publica pautas, que incluyen una “Declaración de derechos de la biblioteca“, éstas no constituyen reglas obligatorias. Más bien estos libros y medios, y el contexto en el que se presentan permiten decidir a las bibliotecas en función de sus misiones específicas. “Si un libro se califica de no ficción, puede haber requisitos que debe cumplir con respecto a ciertos estándares de credibilidad o conocimiento comprobado”, dijo Caldwell-Stone. “Y el trabajo de la biblioteca es evaluar si el libro se enmarca en eso. O pueden clasificarlo como un libro que está abordando una controversia y catalogarlo en consecuencia”.

En un grupo público de Facebook dedicado a temas de bibliotecas, Sara White, una bibliotecaria de servicios para jóvenes en Olympia, Washington, planteó la pregunta en 2017: “¿Deberían las bibliotecas recopilar materiales que presenten ‘hechos alternativos’, simplemente porque existe demanda de los usuarios?”

Señaló a “Vaxxed” a modo de ejemplo.

La respuesta de los miembros del grupo fue diversa. Algunos comunicaron que sus bibliotecas no tenían títulos como “Vaxxed” o similares. Otros dijeron que sí los tenían, aunque sugirieron que tales materiales no deberían incluirse en la categoría de no ficción. Pero otros argumentaron que este análisis no era el papel del bibliotecario: “¿Por qué sientes que estás protegiendo al público [al censurar]?”, Preguntó Sue Shear Moyer, directora de la Biblioteca Scio Memorial en Scio, Nueva York. “¿Y cómo determinas lo que es apropiado según tu propia opinión personal?”

Más tarde añadió: “Nunca consideré que el trabajo de la biblioteca fuera proteger al público”.

Tales opiniones divergentes sobre el asunto no son inusuales. En una conversación por teléfono, Andrea Heisel, gerente del servicio de colección en el sistema de la Biblioteca Regional de Timberland, al oeste de Washington, que incluye la biblioteca Olympia donde trabaja White, señaló que la política de colecciones de su sistema de bibliotecas no tiene en cuenta específicamente el problema de la fiabilidad. “Tenemos muchos libros sobre Bigfoot y Sasquatch”, dijo Heisel. Pero incluso cuando considera contenidos más serios que podrían ser perjudiciales, señala que los bibliotecarios están formados para no conjeturar sobre la intención de sus usuarios. “Tratamos de ofrecer información sin juzgar”.

Heisel agregó que hasta el momento ningún usuario se ha quejado de los fondos de la biblioteca, que incluyen el video “Vaxxed”. “Estoy un poco sorprendida, francamente”, dijo, supone que eso puede deberse a la gran comunidad de personas que se opone a las vacunas en el estado.

Otra bibliotecaria en el centro de Kentucky, que pidió no ser identificada porque no estaba autorizada para hablar en nombre de la institución, dijo que su biblioteca ya había eliminado previamente el DVD “Vaxxed” de sus estantes simplemente porque no despertaba “ningún interés y porque ya estaba en la colección”a través de Hoopla. Pero dado que el servicio de streaming lo ha eliminado y a la luz de la información que surgió acerca ese audiovisual, agregó, la biblioteca podría no reponer el título. “No lo compraríamos de nuevo”, dijo.

Aunque antes no estaba familiarizada con el título, cuando se le preguntó, Kathy Penny, responsable de servicios de colección en la Biblioteca Pública de Cambridge en Massachusetts, dijo que la decisión de la biblioteca de Kentucky “parece una decisión muy acertada”.

Por supuesto, las bibliotecas rutinariamente emiten juicios al seleccionar qué materiales incorporan. Y si la política bibliotecaria de desarrollo de una colección proporciona una justificación para retirar documentos, las bibliotecas están, en su mayor parte, en su derecho al eliminarlos. “Hay un reconocimiento tácito”, dijo Bob Drechsel, experto en derecho de los medios de comunicación en la Universidad de Wisconsin-Madison, “que es extraordinariamente importante y necesario, de la discrecionalidad de que gozan los bibliotecarios para tomar decisiones sobre lo que piensan que es lo mejor para el interés de sus colecciones y de sus usuarios”.

Si la política de una biblioteca le permite retirar documentos cuyos contenidos son “patentemente falsos o contienen información falsa potencialmente peligrosa”, dijo Drechsel, un bibliotecario tendría “un argumento muy fuerte para hacerlo” contra cualquier potencial objeción.

Las decisiones personales de los padres para evitar la vacunación de sus hijos pueden tener un impacto devastador en los individuos y sus comunidades, como bien sabe la Academia Americana de Pediatría (AAP). Cuando “Vaxxed” se lanzó por primera vez en 2016, la AAP aplaudió la decisión de los organizadores del Festival de Cine de Tribeca en Nueva York -tomada bajo presión- de cancelar la proyección de la película. Al preguntársele si la organización aplaudiría de manera similar la decisión de las bibliotecas públicas de eliminar “Vaxxed” y los libros y medios con ideas similares de sus estantes, Wendy Sue Swanson, pediatra y portavoz de la AAP, apuntó que la pregunta era “delicada”.

“Sea Hoopla, un festival de cine, una red social, o cualquier otro, creo que la gente está empezando a darse cuenta de que ser un distribuidor de cualquier tipo -incluso un sistema de bibliotecas es un distribuidor- puede tener un elevado nivel de importancia cuando se trata de algo tan específico como las vacunas por los resultados en la salud de la comunidad”, dijo Swanson.

“Me preocupan profundamente las libertades personales de la gente”, agregó, “pero lo que más me importa es que poseemos realmente libertad personal cuando estamos vivos para disfrutarla”.

Sin embargo, Caldwell-Stone reiteró que siempre es importante tener en cuenta el contexto. “Estos libros han aparecido en las noticias (o los autores han estado en las noticias)”, dijo Caldwell-Stone, “y las personas pueden sentir curiosidad por leer los libros sin intención de practicar lo que aparece en los libros, pero quieren entender el porqué de la controversia”.

Además de contextualizar la información en los estantes, los bibliotecarios trabajan también por la educación continua, tanto la de sus propios compañeros como la del público. “Las bibliotecas tienden a estar muy aisladas”, dijo Stark. Señaló que los bibliotecarios podrían beneficiarse de consultas a sus colegas especializados en información sobre salud o invitar a expertos de sus comunidades locales a hablar con el público sobre la importancia y la seguridad de la vacunación.

Sin embargo, como las bibliotecas se ven obligadas a ajustarse a sus imitaciones de tiempo y recursos, Stark reconoció que, en lugar de eso, podrían optar por retirar un libro “para proteger -o lo que entiendan como proteger- al público de lo que podría ser una información nociva”.

* * *

Si una biblioteca finalmente decide eliminar un libro u otro contenido y esa decisión es impugnada por un usuario bajo la acusación de censura, la ALA puede revisar el caso para determinar si se hizo de acuerdo con las políticas de esa biblioteca. Y aunque algunos grupos anti-vacunación tienen un incentivo económico para popularizar sus mensajes -vender libros, cursos en línea o recaudar dinero para futuras campañas en las redes sociales- las bibliotecas públicas ponen a disposición este contenido de forma gratuita en nombre del servicio público.

Sin embargo, Allison Winnike de la Asociación de Inmunización dice que las bibliotecas deberían examinar adecuadamente los nuevos materiales antes de ponerlos a disposición de los usuarios y evaluar los que ya están en los estantes. Ella indicó que, en parte, la razón por la que algunos libros terminan en las bibliotecas se debe a tácticas deliberadas adoptadas por algunos grupos bien financiados de anti-vacunas de comprar “gran cantidad de sus libros en un esfuerzo por aumentar sus números de ventas para que puedan subir en los rankings [de más vendidos]”.

Las bibliotecas locales parecen haber albergado en alguna ocasión proyecciones públicas del documental “Vaxxed” y en diciembre una página de Facebook promotora de la película comenzó a animar a sus 94.000 seguidores para presionar a sus bibliotecas locales para ofrecerlo.

Winnike dice que no pediría la eliminación de dichos documentos, sólo que se identifiquen adecuadamente. “Si un estudiante está haciendo un trabajo de investigación es importante que pueda ver información variada”, dijo, “pero necesitan saber cuándo se considera una fuente fiable” en comparación con otra que pueda contener información errónea.

Winnike también planteó la posibilidad de etiquetar tales materiales de forma similar a las advertencias a los padres en los programas de televisión, pero la ALA se opone firmemente a esto. Según una interpretación de su “Carta de Derechos de la Biblioteca”, publicada en el sitio web de ALA, la adopción de un sistema de clasificación para asesorar a los usuarios sobre la idoneidad de cierto contenido “puede ser inconstitucional”.

Cualquiera sea la respuesta a todo esto, los funcionarios de salud pública como Swanson, de la Academia Estadounidense de Pediatría, se preocupan por la falta de contexto real; impedir en las bibliotecas el acceso a informaciones erróneas, no científicas e incluso peligrosas sobre vacunas puede ser admisible si ayuda a combatir la propagación de enfermedades prevenibles. Sobre las bibliotecas que pueden optar por hacerlo, Swanson fue tajante: “como pediatra, como madre y como alguien que entiende las enfermedades infecciosas y el beneficio, el enorme beneficio de la ciencia de la vacunación”, dijo, “apoyo su elección de no distribuir algo que pueda causar daño”.

Aun así, como profesora de biblioteconomía, tales decisiones hacen que Jamison se sienta incómoda. El etiquetado y el expurgo de colecciones puede llevar rápidamente a un territorio turbio, apuntó, y los curadores deben mantenerse lo más neutrales posible para preservar el papel que desempeñan las bibliotecas en las comunidades de todo el país.

“Representamos los valores fundamentales de lo que es la democracia”, dijo Jamison.

 

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